Luego de esta ilustrativa charla con los familiares de don Félix, acudimos a la panadería la Flor para recabar información del Sr. Domingo Vázquez. Su nuera, la Sra. Ma. Auxilio Tovar, nos contó que la panadería abrió sus puertas el 1 de septiembre de 1967 (está por cumplir cincuenta años) . También nos comentó que el señor Domingo trabajó con don Pepe Ortega y después puso su panadería, falleciendo en el año de 1983, heredando el negocio a su hijo Ángel y éste, a su vez, a su esposa, la señora Ma. Auxilio Tovar.
Despues acudimos a platicar con uno de los hijos del señor Domingo Vázquez, el señor Felipe me platicó muchas cosas interesantes sobre el arte e historia de la panadería, transcribo lo que me contó:
Había una especie de código de los panaderos, le decíamos los diez mandamientos de los panaderos, yo me sé como tres, pero me sabía los diez, todas las cosas, muy bonitas, del dialecto y costumbres entre los panaderos, se terminaron. De lo más bonito que yo recuerdo es que uno era bien recibido a trabajar en cualquier panadería y no se arreglaba con el patrón, se arreglaba con el maistro. Yo llegué bien chavillo y me enseñé a hacer pan y anduve por muchos pueblos, soy el más viejo de los que andan por ahí todavía trabajando. Duré más de veinticinco años trabajando con mi padre y enseñé a más de veinticinco compañeros y todos salieron buenos para el oficio, porque en aquel tiempo respetaban al maistro. Ahora el pan se hace con mucho control de pesos, antes era lírico el sabor, los maistros me decían "el bolillo debe saber a caldito de frijol". Con aquella sal granuda que se usaba antes, la revolvían en el agua, ya sabían cuánta se llevaba para tres o cuatro bultos de harina, se la revolvían, la probaban y otra vez se la revolvían, para que no quedara salado porque no desarrolla el bolillo. Le revolvían hasta que estaba como tenía que ser y en ese momento le agregaban la levadura y el azúcar, mientras tanto no le echaban nada. Nada se pesaba todo era a lírico. Por ejemplo los polvorones, tenían un puño de manteca, un puño de azúcar y un puño de harina, tenían que ser iguales, entonces revolvían el azúcar con la manteca, bien revuelto y esa pasta servía también para la que llevan las conchas, y para los polvorones, ya nada más se le agregan dos tres huevitos el royal y el carbonatito; ya con eso se cuece si no, no desarrolla nada. Hay panaderías donde los muchachos se enseñan a la rápida, que ya en 15 o 20 días ya saben hacer pan. Pero son de esos que le echan harina a la máquina, la revuelven la sacan y a cocer. Luego, luego lo ponen en el horno y le echan poquita azúcar para que fermente rápido, ¿a qué sabe ese pan? Nosotros le ponemos levadurita, se la revuelve uno a la masa. Don Domingo aprendió con el Señor que le decíamos el Torolas, me parece que se llamó José Cortés, tenía su panadería muy grandota, yo no trabajé con él, pero le ayudé a tumbar los hornos, enfrente de donde estaba el farolito. Es que en aquel tiempo bajaban los rancheritos a comprar para revender, no había repartidor ni nada y todo era a mano, hacían un carajal de pan. Había una raza de panaderos que se llamaban los Orduña, yo me acuerdo de uno que se llamaba Pascual, otro José, otro Cruz, sus hijos ya grandes se llamaban Jesús, Lupe, etc., y cada uno tenía su sobrenombre. En la mañana llegaba uno decía "buenas, buenas". Y preguntaba "puso el tomo". (Era el café y ese era diario) "Ya todos menos el niño", contestaban. El niño era el que andaba barriendo y limpiando y que se andaba enseñando, Ése aunque estuviera viejo le decían el niño. Ya cuando lo metían a trabajar entraba otro niño y cuando ya era oficial entonces lo metían al tablero a hacer pan. Por eso todos los que ya están en el tablero ganan más dinero. Entonces el maistro -el más viejo, el que estaba más colmilludo era el maistro- también trabajaba. Ahora el maistro ya no trabaja, nomás manda, como están las maquinotas… sacan la masa, ese es el cuerno de mantequilla, este es el elote fino, ya nada más se lo echa a los trabajadores. Y si no el trae un cuaderno que le llaman libro y ahí tiene todas las recetas, qué quieren que haga un beso, le buye y ámonos ahí tá. Los mandamientos que recuerdo: El primero: Limpiar el tablero. El segundo: andar en todo el mundo. Porque en aquel tiempo yo chiquillo andaba hasta Dolores Hidalgo. Fui a Neutla y no me querían contratar por chiquillo, me decían: ¿Tú qué sabes hacer?" "No pos soy Mixto", contestaba. Eso quiere decir que sabía de las dos cosas (blanco y de dulce) y ya los harineros sí estaban muy aparte, los reposteros, los pasteleros estaban muy aparte. Esos casi no entraban en la panadería. La pasta seca es otra cosa también. Los fineros, que hacían el pan Fino de aquel tiempo, hacían campechanas, palomas, libro (que sale de la misma paloma). El mero pan fino era el de Cordón, el que le llaman las lupitas, los elotitos finos, sale una rosquita torcida, le llaman la colasa, también el cuernito fino y los raspadores. También hay una ricura de pan blanco, ya se perdió todo eso, las carteras, el chimisco, las rodillas, los pañuelos, la rosquita blanca. Esa es bien trabajosa para hacerse, pocos panaderos saben hacerla, en aquel tiempo, cuando yo andaba con mi jefe, cuando acuestan a los Niños se hacía harta rosca de esa, todavía hoy, cuando levantan a los Niños me mandan hacer esa rosca, es rosca de pan blanco. Yo aquí hago, hago chiquita. Pero todo eso se va perdiendo porque a los chamacos ya no les pagan por tanto por ciento sino por charola o por día, ya están asalariados, entonces hacen pura concha, harta concha; no hacen novia, no hacen capote, no hacen gallos, no hacen niños que les llaman payasos allá en San Miguel. En San Miguel acostumbran a hacer mucho niño rojo, yo lo hago color de rosa. Ellos echan harto pan de ese rápido entran a las once y salen como a las cuatro. Y de los mandamientos yo me acuerdo: tercero ¿?, cuarto: comer y dormir cada rato, quinto ¿? sexto: dormir como perro. Todavía ahorita hay unos panaderos que yo les hablo así y sí me entienden. Me habló un muchacho que puso una panadería, quería hacer un horno de cobacha, no cualquiera sabe hacer un horno de cobacha, ya eso se perdió también, antes era ladrillo crudo con lodo. Ese muchacho me mandó pedir que le explicara a su albañil el tamaño del horno y del tablero. Y cuando me vino a ver me preguntó "¿Qué estás haciendo?" "Estoy echando perro, le dije", Es que se tiende uno en un cartón, antes como había tablas para el bolillo en esas se tendía uno. Y como había costales de manta, esos mismos los descocía uno y le servían como mandil y a la vez se cobijaba uno. Yo me paro antes de las tres de la mañana, igual la mayoría de los panaderos, ahora es peor que antes, porque como hay tricicleros, los tricicleros ya están a la seis listos para salir, antes como no había eso, llegaba uno a las cinco. Yo cuando trabajé con don Pepe Ortega en la noche estaba ese señor con don Cornelio, don Güero Vicente y unos trabajadores de Escobedo. Entrábamos a las cinco de la tarde, nos salíamos a comer y entrábamos a las siete y acababa uno de cocer a las 4:00 4.30 de la mañana. Y en aquel tiempo se hablaba de encajonar bolillo y eso ya no lo hacen. Era pesado. En una tabla se ponía una manta larga como de tres metros, una tanda de bolillo. Había hasta tres, cuatro trabajadores y te aventaban un puñote de bolillo y había que darles a basto. Ahora el bolillo muchos lo hacen hasta en charola, no sabe a nada. El bolillo debe hacerse en el suelo, yo lo trapeo, debo tener unos trapos limpios con agua para lavarlos, eso se dice trapéalo o bárrelo, en un palo amarras un puño de trapos bien mojados. Esa limpiada que le das al horno te sirve para muchas cosas, te sirve para barrer el piso del horno y te sirve para criba para el bolillo, cuando se mete, se mete con una pala larga, pero rápido, el bolillo se debe de meter lo más rápido que puedas. Unos quince centímetros se abre la puerta del horno, porque supura el horno y se le sale el calorcito. Por eso, los que tiene hornos modernos ahí tienen la puertota abierta ¿cómo sale el bolillo? Bien cenizote,¿A qué sabe? A nada. Nosotros todavía tenemos esa curiosidad.
Hoy en día todos quemamos gas, ya nos exigieron eso, antes sí quemaba uno leña, luego petróleo, yo trabajé mucho con petróleo ahí con don Domingo, pero había quemadores que no eran eléctricos, luego entraron los eléctricos que aventaban un poco más. Esos quemadores hacían que oliera mucho a petróleo. Cuando cambiamos a gas nos dimos cuenta de que ése no olía. Ahora hay algo más corriente, aunque sea más moderno: ya hay hornos de lámina. Hay quienes hacen cuadrados sus hornos de material, el mío es curvo, por esos se llevó más de mil ladrillos, porque pusieron los tabiques de punta. El mío me da lata para calentarlo nada más el lunes: le meto más de media hora a todo lo que da, y ya se conserva el calor, y me saca el pan rápido y bien.
Todos mis muchachos, se hicieron profesionistas, sobresalieron, uno es ingeniero agroindustrial, ahorita tiene doctorado en ingeniería. Una es maestra, otra enfermera, eran ocho, se nos murió uno. Otro está en el norte y uno que me ayuda aquí, es panaderillo.
Mi papá ahí en Allende tenía su horno, que era de material, antes en los parandes el pan era de ese colorado con granito y color, ahora ya no, ya quieren puras conchas, como ahorita: está la fiesta en la remuda en la loma de San Isidro pues se llevaron unas conchas. Aquí viene el señor de la danza del torito en los Remedios, le hacemos unas seiscientas piezas, pero nada más le pone unas doscientas al parande. A mí me caen muchos parandes: de Orduña, de la Rinconada, de Jalpilla, de Calderón, de las trojas, y ahora ya están viniendo los de Presa Blanca y de San Elías, pero ellos piden otra clase de pan, más antiguo todavía que el de color, es más hasta me trajo la foto. "Yo te lo sé hacer" le dije, "Yo soy bien antiguo también; yo sé hacerte el pan que quieres", y él me dijo "Es que este pan no lleva mucha azúcar". "Te lo hago con pocos granos". Entonces le hice uno tipo Rosca de Reyes nomás con cuatro betunes y en medio le puse una florecita que le llamamos jitomatito, que en medio se le pone un poco de pasta coloradita. Otros se los hice garagoleaditos, como los corazoncitos, esos corazoncitos se usaban para un regalo, creo que soy el único que los sé hacer.
Yo no soy tan viejo, es que empecé de muy chiquillo, cuando yo ya sabía trabajar fui a Santa Cruz, hacía pan de a cinco centavos con ganancia. El pan de cinco centavos daban veinticuatro piezas por un peso. Y las de a diez te daban doce. Por eso mucha gente acudía a las panaderías. Quitaron la ganancia y ya no fueron, porque daban igual que los distribuidores. El bolillo también: valía diez centavos y cinco centavos. Y empezaban a meter el de a veinte con doña Nina, y decía don Pepe: "No eches de a veinte", casi no lo quieren, ya al último, echaban poquito de diez y más de veinte. Por ese tiempo me dijo el maistro: "Vete a donde te paguen más, (me pagaban cuatro cincuenta) tú ya sabes bien. Vete". Y me fui a Santa cruz, me pagaban hasta diez o doce pesos. Pero allá todavía hacían harto pan de a cinco, me sorprendí, pensé: aquí no pasa nada.
Yo no me enseñé con mi papá, él era bolillero y me metió con uno que era grasero, muy bueno, se llamaba don Chonito. Chaparrito él, estaba de día ahí con don Pepe y mi papá estaba de noche, era bolillero. Don Pepe estuvo ofreciendo la panadería, porque imaginó que los trabajadores ya tenían muchos años con él y, aunque no estuvieran asegurados, si podían hacerle un problema si no les daba nada al cerrar el negocio. Así hizo don José el Torolas: le pasó los trabajadores a Don Luis Anaya, le dijo: "Llévate los trabajadores", y se los llevó todos. Don Luis Anaya poco a poco los fue descontinuando, ¿para qué? Pues para que no le hicieran problema a don José. Yo no trabajé con don Luis Anaya, nomás trabajé como dos veces, pero don Luis hacía bolillo… nombre. Tenía un hornote, hacia como ocho o nueve bultos de bolillo, sale y sale bolillo, como fuera: blanco, quemado, ámonos y órlale llévalo para allá. No entregaba nada, iban a comprarlo los de las tiendas, en ese tiempo había hartos señores que tenían dos tres burros, como ese señor don Chanito en la calle Morelos, era un viejito alto grandote. Eran unas jaulas de palos tejidos con mecate, en esas echaban los pollos y en esas jaulas metían en costales o cajas. Echaban mercancía, se iban a los ranchos y vendían hilos, hebillas, servilletas, mantas. Ese señor llevaba y allá echaba cambio por pollos, chivos, maíz y llevaba pan. Yo tenía un tío que se llamaba José le decían don Pale y en eso andaba. Ellos tenían dos tres burros y dejaban uno por si alguno se les descomponía. Pero ellos iban en un caballo. Se iban lejos y duraban días, hasta que no acababan su panecito y en el pan ganaban y en los chiles, en los jitomates. Ya llenaban las jaulas con lo que fuera.